octubre 24, 2010
Copenhague
Tras mucho tiempo
de quererse y de dañarse
reconocieron que
les pesaban demasiado
los golpes, las caricias, los besos recibidos.
Decidieron darse alas
y a falta de algo mejor
las buscaron en los aeropuertos
o en los quicios de las ventanas abiertas
Aquellos no les sirvieron
quizá por frías o por demasiado claras
Copenhague sería el lugar
perfecto y lejano
donde ocultar sus sueños
Entretanto, podrían seguir engañándose
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Odio las pandemias de alas rotas. No me gustan. Nada.
Publicar un comentario